Mi profesor de Piano

0
4

Por: Jaime Lustgarten

Yo muy ingenuo pero tranquilo, con esa paciencia y calma de mi profesor, le enseñé lo poco que había aprendido. Mientras ella me observaba yo intenté hacerlo bien – y ella como soldado en guardia escondía sus manos atrás de su espalda. Y cuando terminé, en un instante fugaz, sacó una larga regla y zas; me dio un planazo en las manos diciendo: – “así no se hace”, muy confiada en sus dotes y pedagogía severa, me dijo: “aprende cómo es que se hace” y metió sus delicadas y finas manos al piano, grave error. Pobre señora, meterse con un hijo ajeno; – o mejor dicho prendió la candela. – Es que yo tenía 10 y lo recuerdo como si fuera ayer; – pronto celebraba mi onceavo cumpleaños – – y ella me dijo : “te enseñaré cómo es que se hace” . . . y cuando ya metió las suyas al piano y en ese momento con mi orgullo lastimado y un dolor terrible en las mías, decidí darle su merecido. – Una lección que jamás olvidaría. Cerré con todas mis fuerzas la tapa del piano sobre sus frágiles y delicados dedos que quedaron aplastados y tan adoloridos como los míos. Quizá lo peor de todo es que hasta el día de hoy no lamento lo que hice. La historia sigue, pero debo recordar los regaños de mi madre y la reacción de mi padre- pero algo que nunca podré olvidar; no me castigaron, ni me pegaron ese día. – Y puedo asegurar que me dieron justas limpias por cosas menos graves, y qué no se acercan a lo que le hice. Quizán fue del puro coraje -o por instinto – no lo sé – porque me cuesta creer que ese fuera yo. Y esta historia la quise contar porque nadie tiene que enseñar al hijo de otro con golpes – ni siquiera a los propios. La violencia solo engendra más violencia; y mi país Colombia, bastante ha sufrido por ella. Y ahora que lo pienso, entiendo un poco más lo que nos sucedió. Se debe enseñar es con amor, es la clave para un mundo mejor. Esa fue la reacción espontánea de un niño ante la violencia usada en su educación. Mi gran frustración fue mi castigo- no volvieron a pagarme las clases de piano. Quizá mi vida hubiera sido diferente y hubiera terminado siendo un músico. Para terminar: Si la letra entra con sangre- cambiemos la frase completa para que solo nos pueda entrar con amor.