Se perdió el amor

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Por: Jaime Lustgarten Steckerl.

Se perdió el amor.
Eso digo.
Y nadie responde.

Huele a sangre.
No metáfora.
Sangre.

Se mete en las casas,
se queda en las paredes,
se sienta a la mesa.

Y nosotros…
seguimos.

Dicen: no pasa nada.
Dicen: exageras.

Pero salió en las noticias:
mataron a uno en Bogotá.

Su nombre duró segundos.
Menos que un anuncio.

Que era judío.
Pausa.
Nada.

Lo botaron a la basura.
Como si la vida
fuera desechable.

Cambio de canal.

Luego Cali.
Luego Cartagena.
Luego otro.
Otro más.

Uno.
Otro.
Otro.

Un mapa que sangra
y nadie mira.

Tenían manos.
Tenían voz.
Tenían a alguien esperando.

Tenían vida.

Y ahora
son contenido.

¿Qué nos pasa?

¿En qué momento
aprendimos
a no sentir?

Hoy es el vecino.
Mañana…
puedes ser tú.

O yo.

Se perdió el amor al prójimo.
O lo dejamos morir
cada vez que dijimos:
“no es conmigo”.

El silencio mata.
La indiferencia dispara.

Y entonces—
dime—

si a nadie importa,
¿qué sentido tiene la vida?

(Silencio)

Despierta.

No después.
No cuando te toque.

Ahora.

Mira.
Nombra.
No te acostumbres.

Porque el día que no duela,
ya no queda nada.

Y la próxima noticia
podría ser tu nombre…

dicho rápido.

Olvidado rápido.

Como todos.