La política colombiana: un ejercicio de reflexiónPor: Jaime Lustgarten

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Un breve ejercicio permite analizar y comprender mejor el momento político que atraviesa Colombia. En plena pandemia, el gobierno de Iván Duque, junto con su ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla, propuso gravar con IVA productos de la canasta familiar. Esta medida, percibida como injusta, afectaba directamente a los colombianos de menores ingresos. En un contexto preelectoral, la iniciativa no solo resultó desacertada, sino profundamente contraproducente, al punto de convertirse en un factor determinante para el fortalecimiento de la candidatura de Gustavo Petro.
En ese sentido, resulta difícil eludir la responsabilidad política de Iván Duque, Álvaro Uribe Vélez y del Centro Democrático en la configuración del actual panorama nacional. No obstante, este escenario también tiene antecedentes en decisiones adoptadas durante el gobierno de Juan Manuel Santos, que contribuyeron a reconfigurar el espectro político del país.
Hoy, figuras como Paloma Valencia enfrentan retos significativos. Una candidatura presidencial no exige únicamente inteligencia y disciplina; también demanda tacto político y una conexión genuina con el electorado. Decisiones estratégicas desacertadas, particularmente en la conformación de equipos y respaldos, pueden debilitar la confianza incluso de sus bases naturales.
En un país con antecedentes de violencia, no puede descartarse el impacto de factores externos que alteren el curso político. Desde el punto de vista constitucional, el vicepresidente está llamado a suceder al presidente ante cualquier falta absoluta. Este elemento, lejos de ser accesorio, influye en la percepción de estabilidad institucional y gobernabilidad.
Así las cosas, Colombia no puede continuar reducida a un escenario de confrontación mediática. Desde un análisis más estructural, se advierte que el Centro Democrático atraviesa una crisis de rumbo y representación. Sus electores comienzan a manifestar inconformidad y a buscar alternativas que consideren más acordes con sus expectativas, como el abogado Abelardo de la Espriella.
A manera de colofón, cabe una reflexión sencilla pero contundente: cuando los bueyes tiran cada uno por su lado, la carga no avanza. La carreta se desestabiliza y el trabajo se vuelve ineficiente o incluso imposible. En la práctica agrícola, esto obliga a detener la marcha para reorganizar la yunta. En política, la enseñanza es clara: sin coordinación ni propósito común, ningún proyecto logra prosperar.