A propósito de estas fiestas carnestolendas

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Por: Jaime Lustgarten.


A veces pienso en las cosas que quise hacer y que nunca hice, y me pregunto: ¿qué habría
sucedido si las hubiera realizado? No creo que pensar nos haga daño, ni que siempre
resuelva algo; salvo cuando queda latente el deseo de realizar los sueños. La vida no es
vida si no existe un propósito ni metas claras. Por eso, es necesario intentar revivir esos
sueños que se convierten en razones para vivir.
Nacimos para desarrollar nuestra personalidad, para tomar conciencia de quiénes somos
y de lo que somos capaces de lograr en esta corta existencia. Como seres humanos
tenemos el don de la inteligencia, porque podemos pensar y razonar. Es importante
comprender qué nos motiva, qué nos llena y qué nos hace sentir útiles y necesarios, pues
allí radica nuestro valor. El ego, bien entendido, es un motor primario que impulsa
nuestros deseos y orienta nuestras acciones. Sentirnos bien con nosotros mismos es
esencial para poder reconocer y apreciar lo bueno en los demás.
Pensar y analizar mi propia realidad me permite ser consciente del mundo en el que me
muevo y de las personas que me rodean. Estoy cerca de quienes deseo que estén cerca de
mí, porque esas relaciones y su ejemplo nos ayudan a ser mejores seres humanos. Así,
cuando veo a alguien bailar sin razón aparente o cantar alegremente sin música ni ocasión
especial, entiendo lo que significa sentirse alegre y feliz. Esa alegría es contagiosa y es el
mejor germen para transformar el mundo; porque la tristeza y la melancolía pueden
volverse plaga, mientras que la alegría compartida se convierte en un ideal que se propaga
y nos invita a hacer siempre el bien.
En esta época en la que vemos las calles de Barranquilla desbordarse de una alegría
vibrante y colectiva, parece necesario reflexionar sobre todo lo bueno, para que el mal
pierda espacio. Que las batallas sean de flores y no de balas, y que la gente disfrute la
vida con respeto, alegría y sentido de comunidad.
Existe la luz, pero también la oscuridad; una depende de la otra. Me gusta dormir en la
oscuridad y despertar con la luz, y creo que podemos obtener lo mejor del mundo si
entendemos y meditamos mejor nuestras acciones. Pensar es necesario, pero comprender
qué nos hace verdaderamente libres lo es aún más. Actuar con conciencia y alineados con
la bondad del corazón nos permite convivir mejor, porque solo el hombre bueno es
verdaderamente libre, y todos anhelamos un mundo mejor.
La Guacherna y las fiestas carnestolendas nos traen hermosos
recuerdos de la infancia: se graban en la mente los rostros que
sonríen y los cuerpos que danzan exaltando la vida y agradeciendo
el simple hecho de estar aquí. Felices Carnavales, y que los
disfrutemos todos haciendo el bien y sin mirar a quién.
Cuidándonos los unos a otros respetando la vida.
Recuerda: si vas a tomar, hazlo con tus amigos; pero si vas a manejar, entrega las llaves.