3.655 millones de dólares: ¿gasto estratégico u oportunidad perdida para el desarrollo productivo?
Por: J a i m e L u s t g a r t e n.
En Colombia el debate sobre la asignación de recursos públicos sigue siendo insuficiente, especialmente cuando se trata de decisiones estratégicas que comprometen miles de millones de dólares. La reciente adquisición de aviones Gripen por parte del gobierno del presidente Petro —que podría haberse realizado en cualquier otro país proveedor sin alterar el fondo del asunto— abre un interrogante necesario: ¿están nuestras prioridades alineadas con las verdaderas necesidades de desarrollo económico y social?
Desde un punto de vista técnico, resulta pertinente evaluar el costo de oportunidad asociado a esta inversión. No se trata de desconocer la importancia de la defensa nacional, sino de preguntarnos qué impacto tendría una reorientación de estos recursos hacia sectores productivos capaces de generar empleo, valor agregado y competitividad.
Un referente útil es el caso de Tecnoglass, empresa industrial barranquillera que, según declaraciones públicas de julio de 2023, genera 10.000 empleos directos. Con un valor de mercado aproximado de 2.222 millones de dólares (con base en una acción a 47,29 USD y 47 millones de acciones emitidas), constituye un ejemplo concreto para dimensionar la relación entre inversión de capital y generación de empleo productivo.
Ejercicio económico de comparación
Si una empresa de 2.222 millones de dólares sostiene 10.000 empleos directos, es posible aproximar que:
- 222,2 millones de dólares podrían sustentar alrededor de 1.000 empleos productivos.
- Al dividir la inversión en aviones (3.655 millones de dólares) entre 222,2 millones, obtenemos un factor de 16,449.
- Esto sugiere que, bajo un enfoque de política industrial, una inversión equivalente podría haber generado aproximadamente 16.449 empleos directos.
Si bien este ejercicio es una simplificación —pues distintos sectores tienen diferentes estructuras de costos y productividad— es una herramienta válida para dimensionar el impacto perdido: miles de empleos potenciales, cadenas industriales fortalecidas, exportaciones ampliadas y un ecosistema tecnológico más robusto.
¿Prioridades alineadas con el bienestar colectivo?
En un país con un 55% de informalidad laboral, brechas tecnológicas históricas y una productividad estancada, apostar por la industria, la ciencia y la innovación no es un lujo: es una necesidad estratégica.
La compra de aviones militares, por el contrario, no genera retornos económicos internos significativos; no impulsa clústeres industriales nacionales; no crea empleos de alto valor agregado en Colombia; y difícilmente resuelve desafíos estructurales como la economía ilegal, la seguridad territorial o el deterioro de la confianza ciudadana.
Desde una perspectiva de política pública, la pregunta no es solo qué se compra, sino qué país se está construyendo con esas decisiones.
Un llamado a la responsabilidad y al debate informado
La sociedad civil, el sector productivo, la academia y los medios tienen el reto de exigir una discusión transparente y basada en evidencia. El silencio o la apatía social ante decisiones de esta magnitud no pueden seguir siendo la norma.
Necesitamos una ciudadanía capaz de demandar que cada dólar público se invierta en fortalecer capacidades nacionales, generar empleo formal y elevar la competitividad del país. La ausencia de este debate perpetúa un modelo donde las prioridades del Estado se alejan del bienestar común.
La autocrítica necesaria
Finalmente, es pertinente reconocer una paradoja: cuestionamos la carrera armamentista global, pero reproducimos en escala local la misma lógica de gasto improductivo. Criticamos en otros lo que no evaluamos en nosotros mismos. Y esta incoherencia debería ser parte central de cualquier reflexión seria sobre las políticas del “cambio”.
Colombia necesita decisiones coherentes con su realidad económica, y necesita voces críticas que, desde el rigor y la responsabilidad, exijan que los recursos públicos construyan país en lugar de diluirse en inversiones de baja rentabilidad social.













