Prevarica quien utiliza los recursos de Ciudadela Universitaria a Burocracia”

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Declaro, con profunda sinceridad, mi alegría. Alegría al saber de la recuperación, al fin, de las instalaciones de la Facultad de Bellas Artes, cuya edificación es patrimonio arquitectónico y cultural, no sólo de Barranquilla, sino de la Nación. Las obras restauradas estaban demoradas, muy a pesar de su importancia en la formación artística de los miles de jóvenes estudiantes de la Universidad del Atlántico.
Pero, antes de explicar mi alegría, creo necesario hacer una precisión sobre el origen de los millonarios recursos invertidos para que “Bellas Artes” sea, nuevamente Bellas Artes. Aclaración indispensable para evitar que se siga “ganando indulgencias con camándula ajena” y, aprendamos, de una vez por toda a querer y defender el patrimonio de la Universidad del Atlántico, que no es cosa distinta que defender su Autonomía Universitaria como principio, derecho y garantía constitucional.

El 12 de agosto reciente, los medios de comunicación de la ciudad y nacionales, publicaron que Bellas Artes reabria sus instalaciones, ubicadas en el corazón urbano y sentimental del Barrio El Prado, luego de ser sometidas, desde 2018, a un complejo proceso de restauración por daños en su estructura. Indudablemente, era una noticia que la comunidad universitaria, artística y cultural estaban esperando, luego de muchos anuncios fallidos.
En el texto de la noticia se informó, teniendo como fuente al actual Gobernador, lo siguiente:
“La inversión total en la restauración de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico fue de $40.972 millones de pesos. La Gobernación del Atlántico aportó el 78% de estos recursos, a través de la estampilla pro-ciudadela universitaria. La Universidad contribuyó con el 18%. Y el Ministerio de Educación Nacional con el 3% restante”.
Tal información, suministrada por el Sr. Gobernador Departamental, no es cierta. Y no es cierta, por la potísima razón que los recursos de la estampilla, no son de la Gobernación del Atlántico, sino que pertenecen, por mandato de la Ley especial, al patrimonio de la Universidad del Atlántico para su “construcción, dotación y mantenimiento”. Decir lo contrario, no sólo es falsedad, sino aprovechamiento ilegitimo de bienes públicos en beneficio ajeno.

Me explico. El Departamento del Atlántico es el único que, muy a pesar de la claridad de la Ley, sigue manejando, como si fueran propios, los recursos provenientes de la Contribución estampilla pro-ciudadela universitaria, al punto que con los mismos sostiene una oficina, como Secretaría de Despacho, cuando tales ingresos deben ser objeto de la Junta Pro-Ciudadela, órgano de la Ley.
Por la existencia de esa oficina ilegal, cuyos gastos mensuales son iguales o superiores a $500 millones, la Procuraduría General de la Nación, desde Bogotá, elevo pliegos de cargos al actual Gobernador del Atlántico, durante administraciones pasadas. El proceso disciplinario lo archivaron por el fenómeno de la prescripción, sin que el investigado haya demostrado el uso lícito de recursos con destinación especifica: construcción, dotación y mantenimiento de la Ciudadela Universitaria.
Para estos días, al interior de la comunidad universitaria, se adelanta un proceso electoral (consulta interna), como mecanismo, no obligatorio el resultado, para elegir por parte del Consejo Superior al nuevo rector. Como aspirante al importante e interesante cargo se inscribieron 19 aspirantes, entre ellos el actual rector, son docentes e investigadores universitarios; y uno que otro “lambón”. Seria valioso conocer, de ellos, la posición sobre el manejo de los millonarios recursos de la estampilla, por parte del Departamento.
La Escuela de Bellas Artes, hoy Facultad, es una institución con una historia singular en la vida artística y cultural de Barranquilla, amén de ser una obra arquitectónica admirable. Así que su restauración como su nueva apertura es, como lo exprese, de regocijante alegría, pues a no dudarlo volverá a ser centro cordial para el renacimiento de todas las expresiones artísticas de una Barranquilla, ansiosa de cultura. 
Por ello, amén de nuestra alegría por su restauración, debo invitar al nuevo rector que salga elegido, de la contienda electoral y democrática, que asume, lo digo con respeto, no un cargo burocrático, sino un compromiso de defender los recursos de la estampilla. Y, en esa defensa, garantizarle al devenir del alma mater una vida autónoma ajena al vaivén partidista. Los recursos de la universidad del atlántico son sagrados. En ellos, todos contribuimos. Saber Aude.
La próxima: Dos nobeles de literatura criados, en la niñez, por abuelos maternos.