¿Transición o Reconfiguración Energética?

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Juan Salvador Peña
Dir. Región Caribe CO2CERO

La reconfiguración energética mundial no había sido tan dinámica como la observada en los últimos días. El tablero geopolítico mundial se está reconfigurando de manera violenta. El cierre del Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 25% del consumo mundial de petróleo ha desatado una crisis energética sin precedentes.

Pero la crisis va más allá. Las plantas de Gas Natural Licuado (GNL) de Medio Oriente están cerradas, los fertilizantes escasean y la inflación alimentaria amenaza con dispararse en economías emergentes.

Frente a este escenario de incertidumbre energética, América Latina se asoma con una relevancia inesperada al poseer más del 40% de las reservas mundiales de cobre (Chile y Perú) y más del 50% del litio (Chile, Argentina y Bolivia). A ello se suman reservas estratégicas de hidrocarburos como las de Venezuela y Argentina. Países como Brasil, Colombia, Guyana y Argentina complementan este panorama con recursos minerales que las potencias necesitan para su reindustrialización y su transición energética.

Colombia en particular, cuenta con reservas probadas de petróleo y gas. Su producción históricamente estable y su ubicación geoestratégica lo convierten en un socio atractivo en estos momentos de volatilidad global.

Sin embargo, como señala el informe de perspectivas para 2026 de J.P. Morgan, América Latina ha sido históricamente una región paradójica “rica en recursos, con una ubicación estratégica y demográficamente dinámica, pero condenada al fracaso crónico a la hora de monetizar ese potencial”. El extractivismo sin industrialización ha sido la regla durante siglos.

Esta crisis global puede ser la coyuntura decisiva. La reconfiguración de las cadenas de suministro y la búsqueda de “nearshoring” están dando paso a nuevas oportunidades de bloques comerciales regionales.

Pero Colombia tiene otra ventaja competitiva en sus reservas de minerales críticos. El país posee cobre, níquel y ferroníquel, materia prima para la infraestructura asociada a la transición energética global. A esto se suman los grandes descubrimientos de gas costa afuera en el Caribe. Este potencial, junto con proyectos en curso como la planta de regasificación en Coveñas, la planta de aluminio verde en el Golfo de Morrosquillo y la producción de hidrógeno, posiciona al Caribe colombiano como un hub industrial y energético con capacidad de transformación y valor agregado.

Para ir acorde con la reconfiguración energética y geopolítica, el país requiere una política minera e industrial ambiciosa. No basta solo con fijar precios justos para los minerales. Se hace necesario exigir e incentivar que las plantas industriales asociadas a la transición energética se instalen en territorio colombiano.

La crisis de oriente medio nos deja bien claro que la energía es una cuestión de seguridad nacional. La dependencia de cadenas de suministro lejanas desestabiliza economías en cuestión de días. La transición energética global no espera y Colombia tiene una oportunidad. Aprovecharla requiere visión de Estado, políticas coherentes.