Por: Moisés Pineda Salazar.
Declaración de Intereses:
Por ser un Derecho de los lectores, empiezo por declarar que voté por Gustavo Francisco Petro Urrego para el Cargo de Presidente de La República, período 2022 al 2026.
Mi único patrimonio es mi palabra. Si mi palabra pierde valor, entonces seré totalmente pobre. A pesar de que El Pacto Histórico incumplió los compromisos adquiridos con el Partido La Fuerza, con el PST y con otras organizaciones políticas para hacer de la Consulta Interpartidista un mecanismo unificador del Campo Popular; a pesar de la indebida e injusta intervención del Presidente Petro saboteando el proceso que vincularía a los sectores del Centro Político, capaz de superar la polarización y el conflicto político, a pesar de todo eso, cumpliendo la palabra empeñada, voté por Iván Cepeda en la Segunda Vuelta Presidencial.
Por eso, tengo el Derecho, y me asiste la razón, para referirme públicamente sobre lo que ha venido propalándose en Colombia como “El Fraude Electoral”.
Análisis de la situación.
Es lo mismo que en 1905 se llamó “El Chocorazo”. Una narrativa que se utilizó para hacer oposición al Gobierno Modernista y Modernizante del General Rafael Reyes. Un sirirí que condujo al atentado personal del que fueron objeto él y su hija en Barro Colorado el 13 de febrero de 1906, al llamado “Barranquillazo” de Julio de 1909, luego de la renuncia y el exilio del Jefe del Estado en el mes de Junio.
Rafael Reyes Rafael Uribe Uribe Alfonso López Pumarejo Es la misma prédica que condujo al secuestro del Presidente López Pumarejo el 10 de Julio de 1944 en Pasto; a su renuncia, a la división del Partido Liberal, al fracaso de “La Revolución en Marcha”, a la elección de Mariano Ospina Pérez en cuyo gobierno, en 1948, se cometió el magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán. Un asesinato que marcó el punto de quiebre en el proceso de la violencia política agenciada desde los Gobiernos, toda vez que dejó de golpear y de encarnizarse en las bases de los Partidos para superar las amenazas de 1942 y materializarse en la persona de sus dirigentes.
Las amenazas proferidas por el Joven Concejal de Bogotá- Álvaro Gómez Hurtado- quien aquel año había jurado a su padre- Laureano Gómez Castro- estar dispuesto llegar hasta el atentado personal contra el Candidato Presidencial Alfonso López Pumarejo, se materializó- por segunda vez- con la muerte de uno de los principales Jefes Liberales. En esta oportunidad, un civil.
Un civil a quien se le adjudicó la sentencia, el aforismo, “la verdad” que ha adquirido rango de absoluta y según la cual: “En Colombia se vota hasta las 4:00 de la tarde. A partir de esa hora, vota la Registraduría”, cosa improbable toda vez que para aquellos días de Abril de 1948, aún no existía la Registraduría Nacional del Estado Civil.
Mariano Ospina Pérez Jorge Eliecer Gaitán Laureano Gómez Castro Aquel asesinato, exacerbó: el reclutamiento de menores, los desplazamientos forzados, el asedio de poblaciones por hambre; el abigeato, los incendios, la quema de cosechas, el secuestro, el degüello y las ejecuciones sumarias de civiles y prisioneros; la violación, empalamiento y evisceración de mujeres; la expoliación de tierras como arma y método en la guerra civil, expresión de la violencia política. La guerra a muerte. La práctica de tierra arrasada. Esa sangrienta vorágine entre partidos de civiles que contaban con el soporte de organizaciones paramilitares (Los Bandoleros y La Chusma Liberal- Los Pájaros y Los Chulavitas Conservadores), llevó a que los militares dieran un Golpe de Estado que, al cabo de unos años, parió una alternancia excluyente entre Liberales y Conservadores que, en el ejercicio del poder político, se repartían, milimétricamente, el aparato estatal.
Un Frente Nacional que dio origen a una nueva forma de violencia: La Violencia Guerrillera. Y allí, en ese entorno, vuelve a surgir el Fraude Electoral como un hecho probado- para algunos- probable, sugerido, indiciario – para otros-Alrededor de aquel relato se construyó otro según el cual: “estaba probado que en Colombia el acceso al poder, al manejo del Estado, al Gobierno, era imposible por la vía electoral. Y que, en consecuencia, había que tomarse el poder por la fuerza de las armas”. Así se ha explicado, forzadamente, que cuatro años después, en 1974, se diera el surgimiento del M19, cuya impronta fundacional rezaba: “con el pueblo, con lasarmas, ¡¡al Poder!!”. Sin que fuera explícita para muchos su carácter nacionalista, urbano, de clases medias y no comunista, veinte años de lucha estéril, llevaron al M19 a laconclusión de que “estaba agotada la vía de las armas para alcanzar el ejercicio y control del poder” .Aciertos políticos, errores militares; apoyos nacionales e internacionales, respaldos y censuras de la opinión pública; violaciones al Derecho y a las propias convicciones; atentados, contactos, viajes al exterior, Congresos Nacionales; purgas internas, negociaciones, concentraciones, persuasión y confianza, llevaron a los Acuerdos que hicieron posible la desmovilización de aquel ejército deinsurgentes. Una renuncia a la lucha armada que, al entregar sus “fierros” al Estado, la reinserción de los combatientes en la vida civil les posibilitó ganar en política electoral y, organizados como Partido, contribuyeron con la modernización institucional del Estado Colombiano con la expedición de una Nueva Carta Política, producto de una Asamblea Nacional Constituyente. Aprendimos a ganar y a perder en el proceso democrático de los poderes locales en Comunas, Localidades, Municipios y Gobernaciones lo que hizo posible empezar a conquistar el Poder Nacional desde el Congreso hasta conquistar la Presidencia de La República.
Desmovilización del M19 Proclamación de la Constitución de 1991
Para entonces, y tal vez por ese cambio, la narrativa del Fraude Electoral fue sustituida por la de la Legitimidad en la Formación del Poder Político. La diatriba está centrada en las fuentes corruptas de las que se nutre la financiación de las campañas electorales y en la influencia de los actores armados- mutados en delincuencia común y organizada- que, de manera violenta, se diputan el control social de las comunidades e intervienen en la formación y en el ejercicio del poder público, dejando en evidencia que la lucha armada ya no es por razón de la pobreza, ni en defensa los pobres, sino por el control de las riquezas. Una lucha que se da ante la ausencia, la debilidad o la corrupción del Poder del Estado Un vacío de Estado que hace posible esa disputa armada por los pocos pesos que, a cambio de protección, debe pagar a la policía o a los delincuentes, una persona que vende arepas en un parque, o en la puerta de su propia casa; o por los miles de millones que se forman con la práctica del gota a gota y la usura; con el volteo de tierras, la trata de personas y con la sisa que unos y otros cobran a la cadena del narcotráfico o con la explotación y tráfico ilegal de oro, tierras raras y esmeraldas.
Ante semejante realidad que implica un cambio estructural en las razones de una violencia urbana que produce más muertos que el conflicto armado interno, llama la atención que nuevamente emerja la narrativa del Fraude Electoral, dejando a un lado lo que resulta evidente: la urbanización del conflicto político, la corrupción pública y privada, el control ilegal de las rentas legales e ilegales y la ausencia legitimante del Estado. Luego de escuchar al Presidente Petro, y a sus asesores en asuntos telemáticos, informáticos y demás cuestiones digitales, refiriéndose a las “las pruebas del fraude electoral”, o a los “riesgos de manipulación”, como los llamó el abogado/ingeniero buscando “ser preciso en el concepto técnico científico usual en las ciencias naturales y sociales”, creo que es llegada la oportunidad para quienes, desde la aspiración de cambiar el País, asumimos el compromiso de adecuar las instituciones colombianas a las condiciones del futuro que es, desde ya, presente entre nosotros… Sin embargo, bien sería que lo hiciéramos con el rigor que la Ciencia y los atributos que revisten la Verdad. Pero, cuando la superficialidad, la militancia y el reparto de canonjías están por encima del conocimiento, la experticia y del mérito, resulta vana tal aspiración a la Verdad desde la Ciencia. Especialmente cuando el mismo Presidente desecha a los técnicos, científicos, expertos y sabios en matemáticas, econometría, estadística, modelamiento, sistemas, electrónica y ciencias de datos, vinculados al DANE, a Planeación Nacional, a los Ministerio de Hacienda, Comercio, Ciencias y Tecnologías, Salud, Banco de La República, UIAF, a la Universidad Nacional y a las Fuerzas Armadas.
En cambio, prefiere echar mano y empoderar a militantes de su Partido Político que son “75.000 aficionados, diletantes, nerds y gomosos de la IA autoproclamados testigos digitales”. Algunas afirmaciones hechas por los que el Presidente Petro presentó como “técnicos, ingenieros, científicos vinculados a Universidades Nacionales e Internacionales, Estadísticos Certificados” , para interpretar lo que “muestran” los datos de las elecciones del 2026- Segunda Vuelta Presidencial- , resultan controvertibles. Frente a “La Prueba Reina” , cabe decir que las tendencias de opinión mostraban que, en la población mayor de 50 años, hombres y mujeres, residentes en zonas urbanas, la favorabilidad de ADLE era evidente en tanto que los electores menores de 50 años, eran proclives a votar por IVÁN CEPEDA. Si tales tendencias fueron mesuradas siguiendo una metodología propuesta por el Gobierno de Gustavo Petro y aprobada por el Congreso a iniciativa del Ejecutivo, es un contrasentido afirmar que hubo fraude porque tal pronóstico se cumpliera y en los grandes centros urbanos en todas las mesas 1, 2, 3, 4… hasta [(X/2)-1], ganó De La Espriella, aunque fuera por un voto, y porque, “curiosamente”, Iván Cepeda ganó desde la Mesa [(X/2)+1] hasta la Mesa N, donde se ubican la población de los más jóvenes y los Nuevos Votantes que se incorporan al Censo Electoral, aunque fuera por un solo voto de diferencia. Si hubieran explorado desde el punto de vista de las edades, cómo estuvo conformado el crecimiento en la votación de Iván Cepeda en la Segunda Vuelta, que fue de más del 30%, muy probablemente confirmarían que las votaciones en los rangos de gente más jóvenes fueron mucho más grandes que las alcanzadas por ADLE en esos mismos y en el otro rango de edades. Pero, tal incremento superior al 30% alcanzado por CEPEDA no fue suficiente.
Conclusiones:
La “Teoría de los Bloques” es pues, una confirmación de las tendencias estadísticas, estratificadas por edades y aglomeraciones urbanas, que las encuestas practicadas con la metodología aprobada por el Gobierno de Gustavo lo habían Friedrich Nietzsche Gustavo Petro pronosticado, antes y después de la Primer Vuelta. Sin embargo, tales resultados son interpretados por Petro como prueba “irrefutable” de que “la gente no se comporta así” que eso es “una actuación de las matemáticas”, una prueba del fraude y de la “manipulación algorítmica”… Lo jodido es que tal prédica nos pueda llevar, en las propias palabras del entonces Presidente Petro, a “una guerra civil”. A que, al mismo tiempo, él- Gustavo Petro- convoque a organizar “milicias libertadoras” y a que sean “las Asambleas Populares las que decidan si se deben tomar las armas en defensa de las Conquistas alcanzadas en este Gobierno” Usar en sus comunicaciones visuales los colores de la bandera de “Guerra a Muerte” decretada por Bolívar, una de sus peores y más censurables equivocaciones de El Libertador, parecen confirmar las influencias que Friedrich Nietzsche y su bucle del Eterno Retorno siguen ejerciendo sobre él













