Juan Salvador Peña
Dir. Región Caribe CO2CERO
El gas natural ocupa un lugar estratégico en la transición energética porque, aunque no es tan limpio como las renovables, emite la mitad del CO₂ que genera el carbón. Por esa razón se le conoce como el “combustible puente”, un sustituto del carbón y el petróleo mientras se construye un futuro renovable.
Este recurso se utiliza para calentar hogares, cocinar alimentos, generar electricidad y producir fertilizantes para la agricultura. Sin embargo, el conflicto en Medio Oriente ha provocado que los precios del gas se dupliquen en Europa y se tripliquen en Asia, golpeando con fuerza las cadenas globales de suministro.
Cuando el gas se vuelve caro, deja de ser un puente viable. Los países que planeaban sustituir el carbón por gas ahora enfrentan costos que hacen menos atractiva esa migración. Algunos han tenido que retrasar el cierre de sus plantas de carbón, mientras que otros ven cómo el aumento del precio del gas encarece también la electricidad y los fertilizantes, presionando la inflación y el costo de vida de sus ciudadanos. En este contexto, la transición energética se vuelve más costosa y más lenta.
En Colombia, el 70 por ciento de la generación eléctrica proviene de hidroeléctricas, lo que hace que el país dependa directamente del régimen de lluvias. En este escenario, las termoeléctricas que operan con gas natural cumplen una función fundamental como respaldo durante las temporadas de sequía.
Sin embargo, la producción nacional de gas ha caído de manera sostenida. Como consecuencia, las importaciones de GNL pasaron del 3 por ciento del consumo en 2023 al 23 por ciento en 2026, exponiendo al país a la volatilidad de los precios internacionales.
Justo cuando el país más necesita garantizar su suministro de gas para enfrentar la crisis internacional, aparece una crisis doméstica igualmente grave. Canacol Energy, el segundo productor de gas más importante de Colombia y responsable del 50 por ciento del gas que consume la región Caribe, se encuentra en proceso de insolvencia.
La empresa ha solicitado terminar 19 contratos de suministro con 12 empresas estratégicas. De concretarse esta suspensión, las consecuencias serían inmediatas: las plantas que generan electricidad para el sistema nacional perderían su fuente de combustible y Cerro Matoso, una de las principales mineras del país, enfrentaría pérdidas considerables.
El panorama se vuelve crítico al incorporar la variable climática. Los modelos meteorológicos internacionales indican una probabilidad superior al 80 por ciento de que se desarrolle un fenómeno de El Niño de gran intensidad durante el segundo semestre de 2026.
Ante esta situación, el carbón térmico cobra una relevancia que muchos preferían ignorar. Plantas como Gecelca 3, que operan con carbón nacional y cuentan con mina propia en Las Palmeras, ofrecen una ventaja estratégica invaluable en momentos de incertidumbre.
Mientras el gas importado se encarece y el suministro local se tambalea por la crisis de Canacol, el carbón se mantiene como una opción disponible. No es la solución que el país desea para su futuro energético limpio, pero es la alternativa que evita apagones hoy. La transición energética debe ser realista, y eso significa que no se abandona un recurso hasta tener la certeza de que el que llega es más confiable.
Ante un Super Niño que amenaza con reducir los niveles de los embalses y una crisis de gas que debilita el respaldo térmico, el carbón se convierte en ese seguro indispensable que Colombia necesita para mantener las luces encendidas.












