A terminar la tarea

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Por: Mauricio Vargas (Analista Sénior)

Medio: El Tiempo

Es antipático que lo diga, pero fui casi el único columnista que creyó en Atlas Intel, la encuestadora que apostó por Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda en la segunda vuelta, muy por encima de Paloma Valencia, y que, en vísperas de la votación del 31 de mayo, se acercó bastante al resultado final: De la Espriella 42,3 %, Cepeda 37,5 % y Valencia 9,9 % marcó el ‘tracking’ del sábado 30. ¡A esas mismas horas, las dos encuestadoras más antiguas sugerían que Cepeda estaba a punto de ganar la Presidencia en primera vuelta!

Esas firmas subvaloraron al abogado y sobrevaloraron al líder comunista, a más de sobreestimar los chances de la senadora. Con su tecnología de sondeos digitales, Atlas demostró que a las viejas encuestadoras les urge ponerse al día. ¿Por qué en un país donde los estratos 1 y 2 representan 45 % de la población, esas empresas optaron por asignarle entre el 53 % y el 62 % de los votos, favoreciendo con ello claramente a Cepeda? ¿Había interés en inflarlo o fue torpeza metodológica?

Esta semana –la primera de las tres rumbo a la segunda vuelta–, Atlas siguió midiendo: el viernes, ubicaba a De la Espriella en 56 %, en curva de ascenso, y a Cepeda en 40 %, estancado. Es una ventaja muy importante. Pero el peor error que pueden cometer los abelardistas es confiarse. Por fortuna, se les ve activos e imaginativos, sacándoles máximo provecho a sus poderosas redes sociales, con videos alegres y coloridos, y reforzando el mensaje social por boca del candidato y de su muy elocuente aspirante a vice, José Manuel Restrepo.

Tras la dura derrota, los cepedistas están sumidos en el desconcierto. El delirante embuste del presidente Gustavo Petro sobre el fraude electoral, rápida y categóricamente desmentido por todos los observadores nacionales e internacionales, y por los impecables informes técnicos del registrador Hernán Penagos, acabó de convencer a muchos indecisos del peligro de dejar a Petro prolongar su régimen por interpuesta persona. Luego dijo que iba a ponerse al frente de la campaña, insinuando que Cepeda es incapaz de liderarla. Y trató de convencer, sin éxito, al mininterior Armando Benedetti de ir a reforzar la cúpula cepedista, donde nadie lo quiere.

Arrastrado por la anárquica reacción de Petro y sus secuaces, Cepeda se ha mostrado impotente para organizar una respuesta coherente y ordenada, mientras sus hordas de primera línea atacan sedes abelardistas en un intento por intimidar a millones de votantes que, en buena hora, ya no se dejan asustar. Poco ayudan a Cepeda majaderías como la de Aura Luz Forero, la juez que le prohibió a De la Espriella usar la camiseta de la Selección Colombia, una arbitrariedad digna de república bananera.

Al día siguiente de la primera vuelta, Cepeda salió a pedir un debate televisado con De la Espriella, el mismo que tantas veces rechazó. Y el jueves, él y Petro engavetaron la muy impopular constituyente, una reculada que muestra cuánto miedo tienen de perder. Al provenir de su desespero electoral, el reversazo carece de credibilidad. Esconder el revólver en el cajón no es lo mismo que desarmarse. Si llegasen a ganar, lo sacarían de la gaveta y lo apuntarían a la cabeza de la democracia. De hecho, en su enmarañado trino del jueves, lleno de errores de ortografía y teclado, Petro dejó en claro que es apenas un aplazamiento.

Como les enseñó su maestro Hugo Chávez, el engaño es arma clave de los socialistas del siglo XXI. Un video difundido esta semana mostraba a los bodegueros cepedistas listos a propagar mensajes diciendo que De la Espriella acabaría con el subsidio a los abuelitos: “No importa que no sea cierto”, gritaba uno. Por eso, sin descanso, sin darles respiro, en estas dos semanas hay que culminar la tarea, no solo para elegir a De la Espriella sino para salvar la democracia que, de lo contrario, sería enterrada cuando revivan el embeleco de constituyente.