El Caribe no puede seguir esperando

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Cerrar las brechas regionales debe ser una prioridad del nuevo Gobierno

Po:r Guillermo E. Peña Bernal

Presidente – Asociación Cívica Por Amor a Barranquilla

El conversatorio realizado en la Asociación Cívica Por Amor a Barranquilla con el doctor Adolfo Meisel Roca, rector de la Universidad del Norte, nos dejó una reflexión que debería trascender a nuestra región y convertirse en una preocupación nacional.

Las cifras son contundentes. La región Caribe reúne aproximadamente el 23% de la población colombiana, pero participa con apenas cerca del 14% del PIB nacional. Su PIB per cápita equivale a alrededor del 56% del registrado en el resto de Colombia y, más preocupante todavía, la brecha no se está cerrando. Entre 2001 y 2024 el PIB per cápita real de los departamentos del Caribe creció 55%, mientras que el resto de los departamentos del país lo hizo en 79%.

Pero quizás el dato que mejor dimensiona el problema es este: el Caribe concentra cerca del 40% de los pobres multidimensionales de Colombia. En 2025 nuestra región registró una incidencia de pobreza multidimensional del 17,9%, frente al 8% del resto del país.

No estamos hablando simplemente de un problema de la Costa Caribe. Estamos hablando de un problema de Colombia.

Un país no puede avanzar por mitades

De poco le sirve al país alcanzar mejores niveles de ingreso, educación, infraestructura y calidad de vida en algunas regiones si millones de colombianos en el Caribe y el Pacífico continúan viviendo rodeados de pobreza y con oportunidades considerablemente inferiores.

Una Colombia desarrollada en el centro y rezagada en sus periferias continuará siendo una Colombia frágil.

No se trata de enfrentar unas regiones contra otras ni de pedir tratamientos privilegiados. Se trata de comprender algo elemental: el desarrollo del Caribe y del Pacífico es también condición para el desarrollo, la estabilidad y la gobernabilidad de toda la Nación.

Después de cuatro años en los cuales, a nuestro juicio, estas regiones estuvieron abandonadas frente a la magnitud de sus problemas y sus brechas estructurales no recibieron la prioridad que requerían, el nuevo Gobierno tiene una enorme oportunidad, pero también una enorme responsabilidad.

Cerrar esas brechas debe convertirse desde el comienzo de este nuevo período en una prioridad nacional. No puede ser un programa más dentro de un plan de gobierno. Debe convertirse progresivamente en una verdadera política de Estado, con objetivos de largo plazo que sobrevivan a los períodos presidenciales.

La desigualdad también tiene consecuencias políticas

Existe además una dimensión que frecuentemente olvidamos. Cuando durante décadas amplios sectores de la población sienten que el desarrollo no llega a sus hogares, que sus hijos tienen menores oportunidades educativas, que acceder a un empleo formal es mucho más difícil y que el lugar donde nacieron condiciona sus posibilidades de progresar, se genera frustración.

Y cuando una persona siente que tiene muy poco que perder, cualquier propuesta de cambio puede parecer una oportunidad de ganancia.

El país acaba de vivir precisamente una experiencia política marcada por una enorme expectativa de cambio que finalmente, para muchos colombianos, no produjo la transformación esperada.

Sería irresponsable no entender lo que existe detrás de estos fenómenos. La experiencia de otros países de América Latina, y especialmente el doloroso caso venezolano, debería servirnos de advertencia.

Cuando las desigualdades se profundizan y las instituciones no logran responder, pueden abrirse caminos políticos que prometen distribuir mejor la riqueza y terminan, paradójicamente, generalizando la pobreza.

Colombia no puede recorrer ese camino. La solución jamás será empobrecer a quienes han progresado para disminuir artificialmente las diferencias. El reto es exactamente el contrario: elevar al Caribe y al Pacífico hacia los niveles de productividad, educación, ingreso y bienestar de las regiones más desarrolladas.

No existe una solución única

Tampoco debemos caer en la tentación de pensar que una sola reforma resolverá un problema construido durante décadas.

La pobreza rural del Caribe alcanza niveles particularmente altos —el 34,2% en 2025—, por lo que una política de transformación del campo es indispensable. Pero una reforma agraria basada únicamente en redistribuir tierras no resolvería por sí sola la pobreza regional.

La tierra necesita estar acompañada de agua, vías, crédito, tecnología, asistencia técnica, educación y acceso a mercados. El objetivo no puede ser simplemente repartir tierra, sino crear capacidad productiva y generar riqueza en el campo.

Y el desafío es todavía mayor porque el rezago del Caribe tampoco es exclusivamente rural. Está en la calidad de la educación, en la primera infancia, en la productividad, en el empleo formal, en los servicios públicos, en la infraestructura, en la conectividad, en la capacidad institucional y en las posibilidades de atraer inversión.

Por eso necesitamos una estrategia integral.

Una misión para el nuevo Gobierno

Desde la Asociación Cívica Por Amor a Barranquilla creemos que el nuevo Gobierno debería asumir una verdadera Misión de Convergencia Regional, orientada a cerrar progresivamente las diferencias entre el Caribe, el Pacífico y las regiones de mayores niveles de desarrollo.

Y debe hacerlo con metas concretas.

• ¿Cuánto vamos a reducir la pobreza multidimensional del Caribe en los próximos cuatro años?

• ¿Cuánto vamos a disminuir la brecha educativa?

• ¿Cuánto vamos a acercar el ingreso per cápita regional al promedio nacional?

• ¿Cuánto empleo formal vamos a generar?

• ¿Cuánto vamos a mejorar la productividad rural?

Esas metas deben ser públicas, medibles y evaluadas periódicamente.

Barranquilla y el Atlántico tienen condiciones para liderar esta discusión. Pero también debemos comprender que nuestra prosperidad no puede construirse de espaldas al territorio que nos rodea.

Una Barranquilla próspera necesita un Caribe próspero. Y una Colombia estable necesita que el Caribe y el Pacífico progresen al mismo ritmo que el resto del país.

Mientras una región que reúne cerca de una cuarta parte de los colombianos concentre alrededor del 40% de la pobreza multidimensional nacional, Colombia tendrá una deuda enorme consigo misma.

El nuevo Gobierno tiene ante sí una oportunidad histórica. Cerrar esa brecha no sería hacerle un favor al Caribe. Sería comenzar a construir una Colombia más integrada, más equitativa, más próspera y, sobre todo, mucho más estable.

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