La Guerra Sucia de la Política y la Evolución de la Conciencia

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Por Jaime Lustgarten

El caos que genera el pésimo diálogo social es parte del mismo juego vil, al que apelan algunos políticos cuando son superados por la intelectualidad de sus contrapartes, y, con sus tácticas y prácticas carentes de validación moral y con estrategias poco transparente, por lo que muchos se sienten arrinconados o que carecen de buenos argumentos para lograr salir triunfantes. Además, los que apelan al populismo o atacan al oponente tratando de desprestigiarlo o desaparecerlo.

Hemos presenciado muchas manifestaciones de esta condición, pero es hora de que tratemos de remar en este mar de encantamiento tratando de botar a un lado ese rastrojo que no sirve para nada y que si le ponen más leña te incendia toda la casa. Pero existe la posibilidad que los que votan tan apasionados se calmen y mediten para no entregar este país a los que con sus argumentos falsos llenos de sensacionalismo para usarlo como vitrina en los medios, llenos de odio como revancha social – para destruir al otro y quitarle el fruto de su trabajo con el pretexto de darlo en caridad-.

Dejémonos de incendiar el país, ya que con esos intentos todo es muy duro y difícil volverlo a construir. Aunque sobran ejemplos en el mundo de estas hecatombes que atrapan a los ingenuos que sueñan las revoluciones, adornadas con políticas maquiavélicas. Solo las revoluciones que traen evolución generan bienestar social como se vieron en la época de Pericles, en las ciudades renacentistas, durante la Revolución Industrial, y en los tiempos actuales con la masificación del conocimiento por medio del internet y la cultura del emprendimiento.

No pretendo asustar a nadie con el recuerdo de niño cuando nombraban al cuco para que nos portaramos bien. Lo que lograban era que no durmiéramos bien, y al otro día no nos concentramos en el estudio o en el trabajo. Esta electrizante amenaza no generaba progreso, ni empujaba las buenas cualidades de bondad, reciprocidad, solidaridad, fraternidad, etc.

La política sucia parece estar siempre en el orden del día, y nos toca apelar al sentido común que parece haberse escondido por estos días, al buen sentido del humor para no dejarse infiltrar la mente con cosas que insultan la inteligencia o que generan tal incertidumbre que nublan la razón.
Apelemos al amor por los semejantes para no intentar hacer daño a nadie ni con el susurro de la voz o los malos pensamientos, porque no debemos desear a otros lo que no deseamos nos hagan a nosotros mismos.

Somos un país vulnerable y débil al chisme, a la cizaña y al maltrato de mujeres y niños y ancianos. Es poco el gusto que existe por la lectura y es más apetitosa la radio con sus noticias y opiniones fáciles de tergiversar a favor de la intencionalidad de jefes y políticos alineados al sistema.

¡Que la divina providencia nos guíe aferrados a la sabia conciencia!, a la hora de ir a una urna para votar a favor del fortalecimiento de la democracia y la justicia social, teniendo en cuenta los candidatos que simbolizan el liderazgo de los intereses nacionales. ¡Política sucia no más! La guerra actual debe ser es contra las mafias que asumieron el poder dizque luchando contra una corrupción y favoreciendo a criminales de todas las índoles. Pongamos la raya al tigre 🐅. ‎